Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
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jueves, 11 de enero de 2018

Vargas Blues band (o la triste banda de Vargas de Toranzo)


El acto epopeíco de la primera guerra carlista en la vieja provincia de Santander, hoy Cantabria, es la Batalla de Vargas. La fecha es el tres de noviembre de 1833 y, por ello, es una de los primeros combates de aquella guerra civil. Los del pretendiente aspiraban a tomar Santander pero se encontraron con sus ciudadanos, que habían optado por el bando isabelino, en Vargas. Ganaron los isabelinos y, aunque diríamos que no fue más que una escaramuza, el combate fue ensalzado en los medio liberales y en la ciudad de Santander. Se nombraron calles, se otorgaron medallas, fue referencia obligada en discursos… Transcendió, probablemente, porque evitó que los carlistas tomaran una capital de provincia y un puerto grande.


Pero dejemos esas conjeturas para otro momento porque lo que toca ahora es conocer ese suceso histórico y la participación de gente de Las Merindades en el incidente. Recuerden que los carlistas no tenían ninguna de las capitales de las provincias forales. El reciente gobernador de Santander, Manuel María de la Sierra, tenía noticias de dos columnas “de la facción” que avanzaban con el objetivo de tomar Reinosa y reorganizarse allí. ¿Preocupado? Cuando supo que el brigadier José de Mazarrasa se había levantado con los Voluntarios Realistas de Hoznayo y de Ampuero, sí.

La columna carlista principal era la del teniente coronel - ¿comandante?- Juan Felipe de Ibarrola que había salido desde Bilbao y a comienzos de noviembre operaba en la zona del puerto de El Escudo y Reinosa. Este grupo armado se dividirá en dos: la columna que bajará el puerto de El Escudo hacia Toranzo; y la de Santiago Villalobos – dos mil hombres- que ocupaba Reinosa y que avanzaría por el río Besaya hacia Torrelavega.

Movimiento de las unidades

La idea, ya evidente para sus contemporáneos, era converger todos los carlistas movilizados en Vargas de Toranzo para embocar Santander. Claro que Ibarrola, tras su captura, definió como punto de reunión Torrelavega.

La mañana del día 2 ya se encontraban en Vargas unos trescientos hombres de Echevarría e Ibarrola esperando a las tropas de Villalobos, que aún permanecían en Torrelavega. No solo eso, se esperaba que llegasen los batallones de Voluntarios Realistas de Cabezón, Buelna e Iguña.

El día tres Echevarría e Ibarrola bajan El Escudo al mando de los Voluntarios realistas de Frías, Medina de Pomar, Losa, Villarcayo, Valle de mena y Espinosa de los Monteros. Junto a ellos marchaba un contingente de caballería y los riojanos que ostentaban el pomposo nombre de Segunda División del ejército Real de La Rioja. Añadamos a todos los que se unieron a Echevarría en su avance porque no debemos olvidad que el legitimismo era una ideología muy extendida en toda España y no solo en los territorios forales. Pensemos, por ello, que –tal vez- también marcharon los partidarios de Soncillo al mando de Pedro de La Serna.


Hemos de detenernos aquí para detallar quienes eran los mandos de estos batallones de Voluntarios Realistas de Las Merindades que desfilaban hacia la lucha:

  • Medina de Pomar: Su primer Comandante era Vicente Rozas y el segundo Norberto Fernández Arciniega y, en su máxima disposición, arrastrarían a unos 290 hombres.
  • Espinosa de los Monteros: Primer Comandante, el Marqués de Chiloeches y la Celada pero con el título malamente lo identificamos por lo que les adelanto un nombre: Bibiano de Porras. El segundo era Antonio Bravo con unos 332 Voluntarios entre los que pudieron llegar a figurar: Esteban Barquín, Manuel de Villasante, Manuel García, Juan de Chavez, Sandalio de Arce o su cuñado José López.
  • Villarcayo: Primer Comandante era Francisco Gómez Zorrilla y su segundo José María López de Borricón. Su cifra sería de 343 carlistas.
  • Losa. Primer Comandante, D. Tomas Fernández Quintano.
  • Valle de Mena. El primer comandante era José López Borricón.


A las 09:30 h del día 3, el coronel Fermín Iriarte decidió salir al encuentro de las tropas carlistas al mando de una formación de hombres compuesta por dos compañías de Granaderos y Cazadores del Batallón de Vecinos Honrados de la ciudad de Santander, 40 hombres del regimiento de Laredo, 60 cazadores de montaña armados y pagados por el Ayuntamiento santanderino. No contaba con caballería la tropa mandada desde Santander, pero “el coronel Guajardo, conociendo la importancia de alguna fuerza de caballería invitó a los vecinos para que los que tuviesen caballos y quisieran hacer el servicio de esta arma se presentaran con las que les pertenecían”. Se consiguió reclutar a veinte hombres que formaron una pequeña escuadra al mando del citado coronel Guajardo. En total unos 350 voluntarios. A ellos se uniría la compañía de 70 carabineros al mando del capitán Sancho Pardo que se replegaba desde Vargas.

Cruz de Vargas

Incorporados a la columna los carabineros del capitán Sancho Pardo, ésta prosiguió su avance. Recibieron el chivatazo de “la vieja de Vargas” y con estas noticias –que fueron recibidas con gran satisfacción por Fermín Iriarte- y la información sobre el terreno y los caminos más apropiados por Felipe Peña, un muchacho de Vargas que iba en su columna, se prepararon para la batalla.

A esas alturas los carlistas de Ibarrola y Echevarría habían ocupado Puente Viesgo y los campos de Vargas y esperaban a las unidades de Villalobos que no terminaban a llegar. Estaban confiados porque no esperaban una salida de los liberales de Santander, de ahí que el avistamiento de la columna de Iriarte les descolocase. Ibarrola colocó a sus hombres a la derecha del camino real, cubierto por un arbolado, lo que le protegía de un posible ataque de la caballería cristina. Otro contingente de tropas carlistas tomó posiciones en el pueblo. Lo que se intentaba era coger a los hombres llegados de Santander entre dos fuegos.


El combate comenzó con un intercambio de ataques de fusilería entre las dos fuerzas. Iriarte encargó el despliegue de sus guerrillas al coronel Leoncio Bárcena e intentó desalojar a los carlistas situados en el arbolado, ya que se había dado cuenta de la estratagema de Ibarrola. Una carga de la caballería carlista fue rechazada por los Cazadores de Laredo hasta en dos ocasiones. Ibarrola empezó a desesperarse al ver la resistencia de las tropas liberales.

Ante esta situación, Iriarte decidió que cargara la caballería con los escasos veinte jinetes con que contaba. Fue de vital importancia que los granaderos de las compañías de vecinos de Santander consiguieran mantener la ventajosa posición que los liberales tenían en el puente.

Esta carga dejó prácticamente desarbolada la vanguardia carlista, que a duras penas logró resistir el envite. Las tropas carlistas, a pesar de estar en superioridad numérica apenas ofrecieron una breve resistencia y al poco rato se batieron en retirada desoyendo las órdenes de sus jefes de hacer frente al ataque. Huyeron dejando tras de sí numerosos despojos entre los que se pudieron reseñar 10.270 cartuchos, 11 barriles de pólvora, 4 cajas de guerra y otros efectos.

Frías

Sobre la cifra de muertos, cada fuente consultada aporta datos diferentes: el Boletín de la Provincia de Santander habla de 60 muertos, mientras que el párroco de Vargas, cifra en 112 los prisioneros, entre los que se encontraba Ibarrola, y cinco muertos, que fueron enterrados en el cementerio de la iglesia parroquial de Santa María de Vargas.

La lista de jefes carlistas detenidos fue publicada por “La revista española” y en ella aparecen varios procedentes de Las Merindades:

  • Coronel graduado de infantería y capitán ilimitado en Orduña D. Juan Felipe Ibarrola.
  • Ayudante mayor que fue con grado de capitán del provincial de Laredo, de cuyo destino fue privado en el año de 1828, Don Henrique Labin.
  • Capitán retirado a dispersos en el pueblo de Saornil , provincia de Burgos , D. Pablo del Hierro.
  • Subteniente retirado en Sebin, provincia de Vizcaya, Fernando Goti.
  • Subteniente de voluntarios realistas de la ciudad de Frías, D. Andrés Arnaez.
  • Teniente del batallón de voluntarios realistas de la expresada ciudad D. Mateo Saenz de Parayuelo.
  • D. Rafael Saravia, ex-guardia de Corps, natural de Villarcayo.
  • Teniente de voluntarios realistas de la  quinta compañía de Medina de Pomar, D. Blas Fernández.
  • D. Basilio López, ex-guardia, natural de Espinosa de los Monteros.


Todos los prisioneros serían trasportados a Santoña el día 6.

Tras la derrota carlista el ayuntamiento de Santander ordenó que se examinasen las casas cercanas a la batalla, por si acaso se hubiese refugiado allí algún faccioso.

Medina de Pomar

Echevarría volvió en retirada a Villarcayo con un poco menos del centenar de hombres. Villalobos se retiró hacia Aguilar y Cervera en donde volvió a ser derrotado por los cazadores de la Guardia Real. Mazarrasa, sin esperar a las tropas que debían unírsele en Solía huyó a los montes de Soba desde donde después pasó a ocupar un lugar importante junto a las tropas del Pretendiente y tuvo una decisiva intervención en el transcurso de la guerra.

El significado político y social de la escaramuza de Vargas (una media hora mal medida de combates) no reside en su valor militar –solo- sino que el triunfo de la milicia urbana de Santander (Si son cinéfilos les recordará a la Milicia de Denver de “La batalla de las colinas del Whiskey”). Hizo que los burgueses se sintiesen identificados con la causa “Cristina”. Por eso, desde Madrid, se quiso premiar con generosidad a las ciudades que se habían puesto de su lado en aquellos primeros momentos. Esta cuestión -el apoyo de los capitales burgueses a la causa liberal-, no era una minucia, puesto que Fernando VII había desarticulado el ejército y la Reina Niña no tenía, de hecho, quien la defendiese. Es lógico que la Regente quisiese enaltecer la victoria de Vargas y a quienes habían contribuido a lograrla.


Militarmente impidió que los partidarios del pretendiente lograsen extenderse y levantar partidas con más facilidad a lo largo de la costa cantábrica. Y, respecto a Las Merindades, anuló su potencial militar carlista para el futuro.



Bibliografía:

“La relevancia de la acción de Vargas -noviembre de 1833- en la primera guerra carlista: del mito al hecho” por Carlos VECI LAVÍN y Javier MARTÍNEZ SELLERS.
“La primera guerra carlista” Tesis doctoral de Alfonso Bullón de Mendoza y Gómez de Valugera.
“Historia de la guerra civil” por Antonio Pirala.
“Fastos españoles o efemérides de la guerra civil”
“La I Guerra Carlista en la comarca del Pas-Pisueña (1833-1839)” por Ramón Villegas López.
“Estado Militar de España” (Año 1933).
Periódico “La Revista Española”.
Mauranus Proyecto




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