Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
Retorna tanto como quieras que aquí me tendrás manando recuerdos.


lunes, 5 de septiembre de 2016

El segundo palacio de Cadiñanos.


El segundo, segundo.

Y en esta segunda parte nos referiremos al palacio fetén, al palacio más palacio. Al que todos pensamos cuando hablamos de Cadiñanos y sus ruinas. Con ustedes el Palacio renacentista conocido como “la Casa solariega de las Torres”. Evidentemente, la segunda mansión que los Medina Rosales construyen en Cadiñanos. La más cercana al río Jerea. Sus dimensiones lo hacen resaltar desde la lejanía. ¡Y eso que son solo ruinas mermadas!
Situación en 2013

Ante nosotros, en el centro de Cadiñanos, tenemos una fusión entre la tradición constructiva utilizada en las casas solariegas, las torres como emblema de poder clásico en Las Merindades y un diseño estético renacentistas. Los muros del palacio tienen la misma factura que los desarrollados en otras construcciones de piedra de Las Merindades y cercanías. Mostrando que los maestros de obra emplearon cuadrillas del entorno para hacer los muros. Otra cosa fueron los trabajos decorativos y el proyecto donde se ve la mano foránea.

Las ruinas lloran porque fueron una de las mejores construcciones civiles de Las Merindades. Su ruina debió acelerarse en el siglo XIX por la caída del antiguo régimen y las guerras que barrieron Las Merindades. El descuido obligado llevó lo llevó a ser cantera para las casas del pueblo. Una pena para un proyecto diseñado por un arquitecto, muestra de la evolución entre la arquitectura popular y la arquitectura noble, el paso de la artesanía a la profesionalización.


Vista desde el primer palacio (2016)

Camón Aznar (La Arquitectura Plateresca. C.S.I.C. Madrid, 1945) ya hace referencia a esta palaciega edificación, aunque su descripción sobre la misma es escueta y no nos da los datos suficientes para poder adjudicarla el valor que creo que merece: “En Cadiñanos –Burgos– se conservan restos de un palacio renacentista de gran monumentalidad. La puerta es de medio punto, con grutescos en la arquivolta y medallones muy finos en las enjutas, entre columnas pareadas. En la torre y en el cuerpo superior, ventanas rectangulares con guarnición renaciente”.

Uno de los grandes cronistas de Las Merindades, Julián García Sainz de Baranda, se refiere al palacio de la siguiente manera: “(...) a Cadiñanos, cuya monumental casa torre nos guía hacia su caserío (…)”. Parco. Inocencio Cadiñanos Bardeci también hace breves referencias una de las cuales, increíblemente, es equivocada: dice que solo tiene tres torres. Si indica que el palacio se planificó para ser mayor dadas las pistas que dejan las adarejas (Cada uno de los dentellones que se forman en la interrupción lateral de un muro para su trabazón al proseguirlo).

Tenemos –teníamos- una construcción de forma cuadrada con un gran patio en el centro y cuatro torres, una en cada esquina. Plantilla común en la época y de clara influencia italiana. Son restos de gran monumentalidad. La puerta es de medio punto, con grutescos en las arquivoltas y medallones muy finos en las enjutas, entre columnas pareadas. En la torre y en el cuerpo superior, ventanas rectangulares con guarnición renaciente.


Vista aérea de ambos palacios. Del segundo se intuye su
desaparecida planta cuadrada y la traza de sus torres.

El caserón tenía planta cuadrada de 29 por 29 metro y las torres, situadas en sus ángulos, una altura de 14 metros. Cuadrada y con cuatro plantas de altura, las torres estaban unidas entre sí por cuerpos del edificio de tres plantas de altura. Torres que flanquean los extremos y que contribuyen a dar ligereza y romper con la horizontalidad. Las cubiertas eran de teja con tapas, a dos aguas, y, en las torres, a cuatro aguas.

Este patio quedaría formado por cuatro alas que albergarían las zonas residenciales y cerrarían el conjunto. Las huellas marcadas en el interior de la fachada sur nos remiten a la existencia de un segundo piso, cuyo tejado quedaría dispuesto a una sola vertiente en agua cuya inclinación va hacia el patio.


Torre Sur oeste

La planta, cuyas dimensiones hemos indicado, responde a una simetría perfectamente organizada por los cuatro muros que componen el edificio y las torres. Esta búsqueda de la simetría nos habla de un Renacimiento pleno, marcado por el peso de las teorías constructivas y los tratados que se formulan en esta época. Se pueden apreciar ornamentos renacentistas que decoran su fachada y enmarcan los vanos. Cuando lo visiten notarán un gran escudo insertado en la esquina del edificio.


Escudo de los Medina Rosales

Los paños de la fachada se han levantado con mampuestos y en las esquinas, se han colocado sillares. En los vanos, se han insertado relieves y elementos decorativos arquitectónicos platerescos, cuyas tallas se realizaban en los talleres y colocaban posteriormente en la edificación, cómo en el otro palacio. En la parte superior, el remate final de la fachada está formado por una cornisa corrida de piedra.


Imagen general de la fachada superviviente

Se construyeron, primero, las torres y, después, los cuerpos intermedios entre ellas. La utilización de torres defensivas y la unión de estas con un cuerpo edificado parece ser una costumbre en Las Merindades, como vemos en las torres de los Velasco de Medina de Pomar, o la casa Carrillo del Hoyo de Espinosa de los Monteros; en este caso, con cuatro torres, una en cada ángulo.


Parte alta de la puerta principal.

Cuando lleguen a Cadiñanos les recomiendo que se fijen primero en la entrada principal al edificio. Está retranqueada respecto al resto de la fachada, entre una torre desaparecida y la que está mejor conservada. A duras penas se mantiene la parte baja de este muro, alcanzando su mayor altura en la zona de acceso y junto a la torre conservada. Pero los restos nos permiten dilucidar la rica decoración renacentista de la entrada. Básicamente es un arco de medio punto apoyado sobre jambas y las enjutas albergan una profusa decoración.


Retranqueo de la fachada principal y arranque de una de las
torres desaparecidas 

El conjunto está enmarcado por dos columnas levantadas sobre plintos que sustentan el entablamento. El fuste de las mismas está dividido en tres partes: El tercio inferior nos muestra una decoración a candelieri en el que los motivos de festones, guirnaldas, escudos de armas, etc., son comunes al modo de la época. A continuación se prosigue con acanaladuras en sentido convexo –medias cañas– que dan paso a otras en sentido cóncavo.


Detalle del fuste de la derecha de la entrada

Esta solución, muy renacentista, es corriente en la arquitectura española a partir de la década de 1520, observándose primero en los retablos y luego en la arquitectura. Los capiteles se componen por soluciones zoomórficas y vegetales. La decoración que apreciamos en las enjutas del vano de entrada presenta dos medallones que albergan sendos bustos dirigiendo su mirada hacia la entrada. El busto de la izquierda representa un varón con un libro entre sus manos, mientras que el de la derecha muestra una figura femenina.


Medallón con la figura masculina

El resto del espacio es llenado por figuras zoomórficas que se van adaptando a la forma semicircular del arco cuya clave quedaba decorada por lo que suponemos sería una cabeza fantástica, muy sobresaliente de la composición, que hoy está perdida. Esta solución decorativa es exactamente igual a la que se nos presenta en las enjutas de la Casa Miranda de Burgos, obra de mediados del siglo XVI, si bien es cierto que en el ejemplo que nos ocupa la decoración es más abigarrada y presenta un mayor volumen en el relieve.


Medallón con figura femenina
La torre mejor conservada es la que se ubica en el lado izquierdo de la fachada que mantiene sus cuatro lienzos y la techumbre. Mirando a la entrada principal se encuentra el bien conservado escudo de la familia Medina Rosales. Respecto a este escudo, hemos encontrado información que lo describe de la siguiente manera: “Fuimos a reconoçer dicha casa la qual vimos y haze frente a la yglesia parroquial la cual ençima de la portada tiene un escudo de armas que se compone de una çelada con plumaje ençima del y al lado derecho un árbol y un lobo al pareçer en el escaque superior y en el inferior çinco vandas y al lado hizquierdo contiene quatro flores de lis y quatro rosas y entrando en la yglesia parrochial vimos al lado del evangelio un entierro muy sumptuoso embeuido en una pared en un nicho oualado, de piedra blanca con dos escudos de armas que parecen los mesmos que hemos reconocido en dicha casa y así por ellas como por ella se conoze la antigüedad y lustre desta familia”.


Escudo de la torre en un juego de luces y sombras que resalta el
trabajo del escultor. Vemos, también, la línea del tejado del
cuerpo central

Cadiñanos Bardeci afirma en su obra “El Valle de Tobalina” que esa descripción es un error de escribano. Pero, probablemente, la descripción no detalla el escudo de la torre sino el que estuvo sobre la puesta de entrada principal y que es similar a los situados en la tumba de la iglesia. Con toda seguridad se encargó, y colocó, después de finalizar el palacio porque la disposición de las armas relega el apellido Medina Rosales. Esto delata que el palacio recayó en uno de los miembros femeninos de la familia que tras su matrimonio desplazó sus apellidos en favor de los de su esposo.


Situación de la entrada principal en 2013 cuando estaba oculta
tras una caseta de feria. Hoy está libre pero a causa del vallado
del palacio por la grave amenaza de derrumbe.
El escudo de la familia Medina Rosales –el de la torre- aparece hacia la mitad pendiendo de su ángulo. Heráldicamente es igual al de la antigua casa de la familia. Nos informa que la familia no poseía título nobiliario porque no hay coronas, como normalmente se viene haciendo en la heráldica. Confirmación de que ambas familias eran hidalgas. Este escudo habría sido realizado al mismo tiempo que el resto de las obras arquitectónicas, pues su tipología entra dentro de las normas estéticas que priman en la heráldica del siglo XVI. Lo que ven es un cuerpo del escudo en alto relieve, casi exento, de pergamino con elementos vegetales carnosos y dispuestos simétricamente, rematado por un yelmo con copete de plumas.


Escudo de los Medina-Rosales.

Sobre esta torre resaltaremos la abertura de vanos y su decoración. Su ejecución y temática nos ayudan para adjudicar la obra a un artífice o taller. El cuerpo bajo de esta torre presenta el clásico vano simple. El que se abre en el piso superior ya es otra cosa, tanto por su resolución como por los elementos que lo componen. Los sillares que enmarcan este vano –como en el resto de las ventanas decoradas que aparecen en las fachadas–están perfectamente cortados a escuadra y la piedra es diferente al resto de la edificación, de mejor calidad y factura. Los elementos que los componen responden a una simetría absoluta.



El vano se soluciona con un arco de medio punto enmarcado por molduras, que de forma progresiva van buscando las columnas que lo albergan y cuyo fuste queda decorado en su tercio bajo por unas guirnaldas de tela, enganchada en anillas sobre fondo liso, para luego dar paso a los dos tercios superiores que se unifican por las típicas acanaladuras talladas en grandes planos cóncavos. Los capiteles se solucionan por medio de una moldura que diferencia sus elementos componentes sin decoración alguna u orden aparente –pudiendo responder a un orden toscano muy estilizado– sosteniendo un ligero entablamento. Toda la columna queda apoyada sobre pequeños plintos de sección cuadrada, cuyas caras se molduran, y unos mensulones en volutas de gran plasticidad que dan la sensación de sustentar el conjunto, siendo estos últimos de igual resolución a los empleados en el remate de la fachada de la Casa de Iñigo Angulo en Burgos.

El conjunto se remata con un ático que se apoya sobre el pequeño entablamento y que está compuesto por diferentes elementos decorativos. Sobre las columnas encontramos dos figuras masculinas recostadas en una fuerte torsión. Sujetan en sus manos unas cartelas sin inscripción alguna. En el centro se alberga otra cartela lisa rematada en volutas coronada por un tondo en cuyo interior encontramos un busto femenino, mostrado por unos tenantes de marcada anatomía que dan la espalda al espectador. Esta rica solución decorativa se repetirá con variantes en otros dos vanos de la fachada sur.

El relieve de la parte inferior se compone simétricamente con dos figuras de cuerpo humano y cabeza de animal fantástico cuyas extremidades terminan en motivos vegetales, al más puro formato candelieri, enredadas en unas telas.

Segunda Ventana decorada de la fachada oeste 
Sobre esta ventana se dispone otra similar. Debía tener unas columnas hoy desaparecidas porque se conservan sus bases y capiteles con una minuciosa decoración de motivos vegetales y volutas más dos cabezas de ángeles o amorcillos de impecable factura. Las columnas se situaban delante de unas sencillas pilastras cajeadas y sin ninguna decoración en el interior. En esta ocasión el vano es totalmente adintelado y en su base un saliente alféizar a modo de entablamento que actúa como cornisa del vano inferior. En su parte superior se concentra la decoración, en la que destacamos dos “bichas”. Estos dos animales fantásticos dispuestos simétricamente se presentan desafiantes, con una fuerte y voluminosa anatomía que marca la tensión, al igual que sus rostros, con gran expresividad. Estas figuras debían custodiar otro elemento decorativo desaparecido, pero que sabemos de su existencia por la huella que ha dejado en el muro, a modo de vacío, rellenado para evitar su derrumbe.



El ático de esta cara de la torre superviviente se remata con la abertura de dos vanos cuadrados adintelados, cuyos laterales se solucionan con pilastras idénticas en concepción a las anteriores y un alféizar sostenido por dos mensulones similares a los que sustentan el conjunto del vano abierto en el primer piso. La parte superior de estos vanos se integra en el entablamento ingletado que forma la cornisa para rematar el edificio, con un arquitrabe liso y un alero poco saledizo y moldurado. Por cierto, terminación bastante atípica. Esta terminación, al igual que los vanos del ático, se prolonga en el resto de las fachadas existentes, dando así un remate uniforme al conjunto.



En el lado sur de esta torre y formando parte de la siguiente fachada, hay también varias ventanas, vanos, diferentes a los de la otra cara. 


Zona baja de la torre en su vertiente sur

Olvidémonos de la zona baja salvo por el alféizar que presenta, su desplazamiento y las huellas del anclaje de la reja que existió. La ventana que se abre en el primer piso está formada por un arco de medio punto con sus impostas marcadas por molduras y una rosca decorada en su parte exterior con molduras de medias cañas y en ángulo que retranquean hacia dentro de forma sucesiva el total del arco. Todo queda enmarcado en una caja rectangular sustentada por una ménsula. La cual descansa en una venera transformada en sus extremos en cuernos de la abundancia. Por cierto, lo mismo que en la ventana superior. Añadimos que un vano idéntico nos encontramos en la otra torre.



Centrándonos en esa ventana superior, lo primero que vemos es que la luz del vano es adintelado. Su remate superior se realiza a modo de ático en el que se recrea una cúpula gallonada rematada por un ánfora y elevada sobre una superficie a modo de cartela en volutas. Todo ello es flanqueado por dos medios cilindros con remates en anillas y bola. Este esquema, su disposición y elementos, quedan repetidos de igual forma en la torre del lado derecho, encontrándose tan sólo un ligero cambio en la terminación superior del vano más alto, rematado por balaustres en vez de por medios cilindros.



Los vanos centrales de esta fachada sur recuerdan a los observados en la fachada oeste de la torre que se mantiene completa. Es así tanto por el empleo de las columnas como por el remate con el motivo de “bichas” y el medallón albergando un busto femenino.

La plasticidad, el volumen y el tratamiento de las formas son muy inferiores a lo estudiado en los párrafos anteriores. Podríamos, por ello, pensar que se tratara de un artista o taller diferente, contratado para ejecutar esta fachada y el resto, mientras que la principal sería obra de un artista más diestro y reconocido.


Remates del cuerpo sur donde se aprecia el deterioro extremo.

Claro que la causa de estas diferencias podría ser porque las obras se dilataron en el tiempo, originando diversidad de ejecutores e inclusión de nuevas tendencias decorativas. Es por ello que no debemos descartar la intervención de otros talleres y artífices. Si fuese así podríamos especular con la figura de Juan Gil de Hontañón –y Rodrigo, su hermano-, pues sabemos que por los años en que la Casa Solariega las Torres debió de ejecutarse el artista trabajó en la zona (Convento de Santa Clara en Briviesca 1525). Llegando incluso imaginar que Juan Gil de Hontañón, Juan de Vallejo y Juan de Zorrilla se conocieron a principios del siglo XVI, cuando eran discípulos de Simón de Colonia, quien dominaba el panorama arquitectónico del momento con un importante taller.


Vano del cuerpo central con las contraventanas

Algunos estudiosos han venido haciendo conjeturas sobre los arquitectos que pudieran haber trabajado en las obras de realización o proyección del edificio. Desde las influencias de los Colonia hasta Siloe, pasando por Vallejo, podemos aludir también a los hermanos Gil de Hontañón, Juan y Rodrigo. Sabemos que Juan Gil de Hontañón trabajó en las obras del Convento de Santa Clara en Briviesca hacia el año de 1525. La influencia que este arquitecto recibió de Simón de Colonia es patente en su obra, mientras que su hermano Rodrigo se aproxima más a las formas de Siloe y Vandelvira. Determinados elementos decorativos de los vanos recuerdan a Rodrigo Gil de Hontañón como las tarjas rematadas en volutas con el cuerpo estriado que presentan las ventanas.


Vano central

Otros elementos compositivos utilizados por los hermanos Gil de Hontañón -clara influencia de su padre- son: las pilastras cajeadas, que también encontramos en nuestro edificio, y las columnas de fuste ornado con telas recogidas por anillas en su tercio inferior. Rodrigo suele usar tenantes para mostrar los escudos, lo que refleja sus influencias.


Vano central similar al anterior

Alfonso Herrán Acebes se inclina por atribuir la obra al círculo de Juan de Vallejo, sobre todo la fachada oeste, donde se ubica la entrada principal, la cual pudiera ser obra enteramente suya, mientras que la fachada sur pudiera haber sido ejecutada por artífices cercanos al círculo de Juan Gil de Hontañón o discípulos del mismo, aunque pudiera haber sido también realizada por Hernando de Umencía, Bartolomé de Balsa, Domingo de Beitia, Pedro de Castañeda, Juan Gutiérrez o Juan de Landera, ayudantes y oficiales de Juan de Vellejo. ¿Por qué? por la coincidencia de fechas en la construcción de la Casa Solariega las Torres (entre 1535 y 1545) y por la realización de otros edificios cercanos de factura similar.



No podemos pasar por alto que el edificio hubiera sufrido remodelaciones en épocas posteriores a su construcción, todas ellas dentro del siglo XVI, pero que no afectarían de forma considerable al proyecto original que planeara su arquitecto y artífice, hoy por hoy desconocido.


Portillo sur de acceso a los posibles jardines
renacentistas que hubieran podido estar en este
lado cercano al río Jerea.

Tras esta digresión sobre los autores del palacio volvemos a hablar de los elementos decorativos. Para que no se pierdan, destacamos: los escudos, las cornisas de los muros y los relieves de las ventanas.



Ya sé que estas descripciones son tediosas pero… ¡En fin! Vayamos a la otra torre superviviente (¿Hasta cuándo?) Olvidémonos de las ventanas del último nivel que coinciden con las de la otra torre. Si nos fijamos en el vano de la parte superior vemos que tiene forma adintelada y está enmarcado, en su parte superior, por un entablamento partido, en alto relieve, con escabeles; sobre estos, antorchas; centrado con el entablamento, un dosel. En los lados, pilastras rectangulares con cajas ciegas en un relieve medio bajo; en la parte inferior de la ventana, un entablamento sobre una gran vieira.


Ventana adintelada de la torre más deteriorada

La otra ventana decorada de esta torre tiene un vano en medio punto, enmarcado en un alfiz, con un dintel en su parte superior; tiene marcadas las líneas de impostas, con jambas lisas y rectangulares a los lados. Como base, un entablamento sencillo que descansa sobre una concha; la decoración de las ventanas de esta torre utiliza los mismos elementos decorativos, en el mismo orden, que la torre noreste.



La decoración de los vanos de las ventanas del cuerpo intermedio de las torres tenía una decoración prominente con vanos adintelados, en cuya parte superior había unos entablamentos quebrados con escabeles muy pronunciados; sobre estos entablamentos, descansaban unos grandes lebreles -tallados en altorrelieves, afrontados en contraposto- en cuyo centro había un medallón con marco circular y un posible retrato en su interior; el entablamento se sujetaba en dos pilastras adosadas con capiteles corintios, fustes acanalados con un tercio decorado con elementos vegetales (tal como en el retablo de la iglesia de San Pelayo); estas pilastrillas descansan sobre un dintel.


Interior de la torre antes de la colocación de
la estructura interior metálica


Con en refuerzo metálico

A la construcción de la villa renacentista se le deben incluir los jardines que tenían que acompañar este tipo de palacios porque la unión de la naturaleza con la arquitectura, que se produce en el río Jerea y su cascada, era otra característica del estilo renacentista.


Portillo interior visible tras las obras de
urgentes de afianzamiento del palacio.

No lo duden y acérquense a conocer este palacio. Una obra de gran interés para el estudio de la arquitectura quinientista dentro de la provincia de Burgos y, casi, única en Las Merindades. A pesar de su avanzado deterioro podemos seguir apreciando la magnitud de la obra.

Vista año 2013



Bibliografía:

“Las Merindades de Castilla Vieja en la historia”: “La Fama en el renacimiento Burgalés: la tarea edilicia de la familia de los Medina-rosales en Cadiñanos” por Félix Palomero Aragón.
“Histéresis y entropía en el patrimonio histórico-artístico de la iglesia parroquial de San Pelayo de Cadiñanos (Burgos): el retablo mayor”. Tesis doctoral de don Julio Alejandro Villalmanzo Santamaría.
“Cadiñanos y los Medina Rosales. La Casa solariega Las Torres y otras obras de su patronazgo”. Alfonso HERRÁN ACEBES (Universidad Complutense de Madrid).
Declaración de ruina inminente en calle La Fuente, 14 de Cadiñanos (Palacio de los Medina-Rosales). Ayuntamiento de Trespaderne.



Torre sur-este en 2013

Apendice I. Materiales de construcción

Las piedras utilizadas en el trabajo son calizas, poco compactas, con textura arenisca y los muros están formados por dos lienzos de piedra aparejados con barro y cal. En los ángulos se utilizan piedras de mayor consistencia y trabajadas a escuadra. La capa interior corresponde por su formulación a un Opus Cementicium (que bajo ese nombre oculta la acumulación de mortero y piedras diversas con apariencia de hormigón) en el que destaca la mezcla de piedra caliza y cuarzosa, que contribuye a la consistencia del mismo.



El revestimiento exterior de las fachadas se realiza de forma más cuidada, respondiendo a la fórmula del Opus Mixtum Vittatum. En el interior del edificio aún se pueden apreciar pequeños restos que aluden al recubrimiento de los muros por medio de enlucidos en cal. El muro, en su parte inferior, tiene mayor sección que en las plantas superiores. Las paredes del interior estaban rematadas con yeso encalado.



Los suelos de las plantas superiores eran de baldosa de cerámica; los de la planta inferior eran de empedrados, mientras que el de la última planta era de tarima. Los techos eran de vigas de madera, vistas, encajadas en los muros con soportes de machoncillos insertados en el muro.


Y completamos la entrada con estos planos que nos ha proporcionado Roberto de Trespaderne:











2 comentarios:

  1. Hola! Una entrada estupenda y documentada, mil gracias por escribirla. ¿Han empezado ya las obras de consolidación de los restos?. Saludos desde Burgos,

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    1. Pues, no lo sé. Este verano estaba como aparece en las fotos.

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